Cuando caminamos los senderos de nuestro viaje por la vida a veces es mejor no anclarse con los sentimientos de las personas que conocemos. Luego la situación se vuelve incómoda. Conocemos lo que no queríamos. Ellas nos llevan a transformarnos, a impedir seguir nuestra ruta.
A veces son necesarias, para no olvidar que una faceta nuestra no es invisible.
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